Pintar desde la intuición se ha convertido en la pauta en mi trabajo artístico

He aprendido a escuchar los cuadros como seres independientes a mí y que tienen algo que decirme. Descubrí la magia del arte: los cuadros hablan de mí, de mi vida, de mi momento vital, de lo que busco, lo que necesito.

EL PROCESO

Comienzo sin necesidad de saber qué quiero pintar, sin pensar en nada, y me dejo llevar por lo que surge, por lo que mi cuerpo quiere expresar de forma natural y sin condicionantes mentales entrando en un estado meditativo.

En algún momento siento la necesidad de parar y ahí comienza un diálogo entre el cuadro y yo. Observo y escucho las formas, los colores, las texturas que allí hay y espero hasta que ellas me indican por donde seguir.

del ruido... al silencio

Llevaba varios años sin pintar cuando decidí volver a coger los óleos, las espátulas y los pinceles. Había una necesidad de expresarme a través de ellos, de contar algo que no había sido capaz de articular con la acuarela ni otras técnicas. No sabía que era pero sen􀆡a éste era el medio para sacar aquello que bullía dentro, y así fue. Nada más destapar los botes de pintura ésta comenzó a dejarse caer sobre los lienzos como un embrujo imposible de parar, como si hubiera retirado una piedra que obstaculizaba el cauce de un río y saliera con toda la fuerza del agua contenida tanto tiempo.

Así nacieron los cuadros que corresponden a la primera serie. “ruido”. En una suerte de locura la pintura se colaba por mis dedos para dibujar líneas sobre líneas hasta acabar exhausta, y así un día sobre otro. No sabía qué pintaba ni qué buscaba, lo único que alcanzaba a observar era que el cuerpo entero me pedía seguir chorreando pintura sobre el lienzo. No pensaba en nada, sólo sentía, sentía, y sentía y dejaba que sucediera, sin ponerle obstáculos, sin meter la mente ni los juicios. Hasta que un día, mientras pintaba, descubrí que esos chorretones, esas líneas, le daban voz a mi rabia, el desánimo que durante el último tiempo había contenido, las lágrimas que no había permitido que mis ojos lloraran, y comprendí que eran el ruido que me habitaba y necesitaba expresar, soltar, dejar marchar.

Como el agua que al ser desembalsada va perdiendo esa fuerza salvaje y encontrando su ritmo natural, poco a poco los chorretones de pintura y las líneas de colores fueron encontrándose con el blanco sobre blanco, el grito desaforado y el llanto fueron transformándose en una conversación más pausada. A veces, en susurro. Ésta es la segunda etapa, “silencio”. Los cuadros, antes sin aire, fueron encontrando, como el agua, momentos de calma de la mano del blanco. Y más blanco. Y lo que antes eran líneas se vuelven ahora manchas suaves, espacios vacíos, tiempo y silencio. Y más silencio…

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